El pollo al carbón tiene mala fama en Madrid por culpa del pollo asado de bandeja: el de la bolsa de plástico, el de los domingos de prisa. No tienen nada que ver. Uno se hace en un horno eléctrico con el pollo girando durante horas; el otro se hace sobre brasa y no perdona un despiste.
Qué cambia la brasa
- La piel. Sobre carbón queda fina y crujiente en vez de correosa. Es la primera señal y se ve antes de probarlo.
- El humo entra en la carne, no se queda en la superficie. Por eso la pechuga de un pollo al carbón sabe a algo, cuando la del asado normal suele ser el trozo aburrido.
- El punto es corto. Cinco minutos de más y se seca. Por eso los sitios que lo hacen bien lo trabajan por encargo o por tandas, no acumulado.
Cómo pedirlo para que salga bien
Tres cosas que ayudan: pedirlo al principio si sois muchos, porque la brasa tiene su ritmo; no acompañarlo de otra cosa contundente, que se come mejor solo con patata o con verdura; y comerlo con las manos sin complejos, que es como se come.
Es uno de los pocos platos que funciona igual de bien en una comida de trabajo, en una mesa con niños y en una cena de sábado. Esa es la razón de que no se caiga nunca de la carta.
Dónde comerlo cerca del Bernabéu
En La Reinosa el pollo al carbón es fijo en la carta y rota por el menú del día. Estamos en la avenida General Perón 13, 28020 Madrid, a cinco minutos del estadio.
Reserva mesa o llama al +34 916 671 967.